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miércoles, 29 de mayo de 2013

… NO HAY CARIDAD SIN FE

Corpus Christi - Día de la Caridad
2013



Queridos diocesanos:

Se aproxima el Corpus Christi que, como todos sabéis, es el Día de la Caridad. Desde siempre la hondura espiritual del pueblo cristiano ha sabido descubrir una profunda relación entre el Cuerpo de Cristo y el amor a los hermanos. Al contemplar el Cuerpo de Cristo se ha prestado especial atención al gesto de su entrega. En el cuerpo entregado del Señor y en la sangre derramada se hace patente el amor infinito de Dios, que, en su Hijo Jesucristo, se entrega por amor a los hombres. Ante el Cuerpo de Cristo vemos en toda su verdad el amor de Dios. La fe con la que le adoramos nos revela su rostro y nos orienta siempre al amor de todos aquellos con los que Jesús se identifica.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Dos semanas decisivas: de Pentecostés al Corpus, la palabra del Sr. Obispo


Entramos en un periodo del Año Litúrgico, en el que nos jugamos cosas muy esenciales en la vida de la Iglesia. Se podría decir que de cómo encaremos estas tres jornadas, Pentecostés, la fiesta de la Santísima Trinidad y el Corpus Christi, depende mucho la orientación que ha de tomar la vida cristiana. Estoy convencido de que no exagero, por más que algunos puedan pensar que poco se puede esperar ahora que ya han pasado los acontecimientos pascuales y estamos al comienzo de la normalidad del tiempo ordinario.

Es cierto que lo decisivo de estas tres jornadas en el desarrollo de la vida cristiana no lo sería tanto sin la celebración de todos los misterios que las han precedido; sobre todo sin los efectos que en cada cristiano tiene la Pascua del Señor. Ha sido la Pascua la que ha conformado nuestra vida en Cristo Resucitado. Pero, dicho eso, la experiencia cristiana cuando se pone en juego es en Pentecostés: con ese acontecimiento y bajo su influjo comienza la forma apostólica de vida, esa en la que vive todo cristiano hasta que haya una modificación con la segunda venida de Jesucristo al mundo. Mientras tanto, en la Iglesia, se continúa con la forma de vida que el Espíritu inculcó en al corazón de los apóstoles, los primeros testigos del Señor Resucitado.